LA GESTIÓN DE RIESGOS EN EL ÁMBITO DEPORTIVO COMO HERRAMIENTA COTIDIANA DE DECISIÓN
Jose Luis Gomez CalvoSenior Security and Safety Advisor. Analista de riesgos. Experto en Gestión de la Seguridad en el ámbito deportivo. Experto en seguridad patrimonial.
RESUMEN
La Gestión de Riesgos continúa siendo percibida por muchos gestores y técnicos deportivos como un concepto excesivamente teórico, vinculado a documentos formales y exigencias normativas que parecen alejadas de la realidad diaria de instalaciones, actividades y eventos deportivos. Sin embargo, esta percepción no responde a la verdadera función de la gestión del riesgo, que no consiste en generar burocracia, sino en anticipar problemas, ordenar decisiones y reducir la improvisación.
El presente artículo pretende poner en valor la Gestión de Riesgos como una herramienta práctica de trabajo cotidiano, mostrando cómo su correcta aplicación aporta criterio, respaldo profesional y coherencia operativa en el ámbito deportivo, en conexión directa con las obligaciones básicas de seguridad que rigen esta actividad.
INTRODUCCIÓN
En el ámbito deportivo, la mayoría de los incidentes que terminan generando conflictos, reclamaciones o responsabilidades no son hechos imprevisibles. Por el contrario, suelen estar precedidos por situaciones conocidas, repetidas y, en muchos casos, asumidas como parte de la normalidad operativa. El riesgo existe antes de que se produzca el daño; lo que varía es la forma en que se afronta.
La Gestión de Riesgos suele aparecer cuando algo ya ha ocurrido y se buscan explicaciones. En ese momento, se convierte en un ejercicio retrospectivo: analizar qué falló y por qué no se actuó de otro modo. Sin embargo, cuando se plantea con antelación, su función es muy distinta. No pretende evitar cualquier incidente —algo imposible en un entorno dinámico como el deportivo—, sino preparar la toma de decisiones antes de que la presión y la urgencia condicionen la actuación.
Desde esta perspectiva, la gestión del riesgo no es una construcción teórica ni un fin en sí mismo, sino una herramienta práctica que permite trabajar con mayor criterio, coherencia y seguridad en el día a día de la gestión deportiva.
CONTENIDO
La Gestión de Riesgos no introduce problemas nuevos en la organización deportiva; simplemente pone nombre y orden a situaciones que ya existen. La diferencia entre gestionarlas o no radica en si se actúa de manera reactiva o con un criterio previamente definido, es decir, tener cultura preventiva.
En una instalación deportiva, por ejemplo, la presencia de superficies mojadas, la coincidencia de distintos usos en un mismo espacio o el tránsito simultáneo de usuarios con perfiles muy diversos no son circunstancias excepcionales. Sin un enfoque de riesgo, estas situaciones se resuelven mediante decisiones puntuales, apoyadas en la experiencia personal del técnico o en la urgencia del momento. El problema no es tanto la decisión en sí, sino su falta de consistencia y la dificultad de justificarla si el resultado no es el esperado.
La Gestión de Riesgos introduce un cambio relevante al transformar opiniones en criterios. Identificar previamente los riesgos habituales, valorar su posible impacto y definir cómo actuar ante ellos permite que las decisiones no dependan exclusivamente de quién esté de turno, sino de una lógica compartida. De este modo, se reduce la improvisación y se refuerza la coherencia de la actuación diaria.
Esta utilidad se hace aún más evidente en actividades y eventos deportivos, donde confluyen factores variables como la climatología, la afluencia de público o el perfil de los participantes. En estos contextos, la gestión del riesgo no implica cancelar sistemáticamente actividades, sino anticipar escenarios previsibles y decidir con antelación qué medidas adoptar en cada caso. Cuando la incidencia aparece, no se improvisa: se aplica lo previsto. La diferencia entre decidir antes o hacerlo bajo presión resulta determinante tanto para la seguridad de las personas como para la tranquilidad de los responsables.
Esta forma de anticipar y ordenar decisiones no es ajena al marco normativo que regula la actividad deportiva. Muy al contrario, conecta con las obligaciones básicas de seguridad que recaen sobre los titulares de instalaciones, actividades y eventos, quienes deben garantizar unas condiciones adecuadas para las personas usuarias, deportistas, personal y público asistente. La legislación de aplicación exige un nivel de diligencia que, en la práctica, solo puede alcanzarse mediante la identificación de riesgos previsibles y la adopción de medidas proporcionadas para su control.
Desde este enfoque, la Gestión de Riesgos puede entenderse como el instrumento técnico que permite materializar lo que venimos denominando en cursos y conferencias y en anteriores artículos, como Seguridad Mínima Obligatoria (SMO). No se trata de un estándar abstracto ni de un cumplimiento formal, sino de un conjunto de decisiones razonables, coherentes y justificables que deben formar parte de la gestión cotidiana. Este planteamiento encuentra además respaldo en la Ley 39/2022, del Deporte, al reforzar el deber de diligencia y de protección de las personas en el desarrollo de la actividad deportiva.
Existe, además, una dimensión frecuentemente infravalorada: la protección profesional. En el ámbito deportivo, y especialmente cuando se trabaja con menores o con colectivos vulnerables, la ausencia de criterios claros deja al técnico en una posición expuesta. Definir qué situaciones pueden suponer un riesgo, cómo deben abordarse y cuáles son los límites de actuación no solo protege a los usuarios, sino también al profesional que actúa conforme a esos criterios. La Gestión de Riesgos se convierte así en un respaldo silencioso que reduce conflictos y responsabilidades personales.
Para que esta utilidad sea real, resulta fundamental evitar la identificación de la Gestión de Riesgos con un documento aislado. Su integración efectiva se produce cuando se traduce en hábitos de trabajo: revisiones periódicas con sentido, decisiones previamente pensadas para situaciones recurrentes y aprendizaje a partir de los incidentes. No se trata de añadir tareas, sino de dotar de lógica y continuidad a las que ya se realizan.
CONCLUSIONES
La Gestión de Riesgos no es una disciplina teórica ajena al ámbito deportivo ni una exigencia meramente normativa. Es, ante todo, una forma de trabajar que permite anticipar problemas, ordenar decisiones y reducir la improvisación en contextos complejos, contribuyendo además al cumplimiento efectivo de las obligaciones básicas de seguridad.
Cuando se comprende y se aplica correctamente, deja de percibirse como una carga administrativa y pasa a ser una herramienta de apoyo real para gestores y técnicos deportivos. Su verdadero valor no reside en evitar todos los incidentes, sino en evitar que estos sorprendan sin criterio, sin respaldo y sin margen de actuación.
Integrada en el día a día, la Gestión de Riesgos contribuye a una gestión más coherente, más segura y más profesional. En definitiva, no elimina la incertidumbre inherente al deporte, pero sí permite afrontarla con preparación, responsabilidad y sentido común aplicado a la seguridad.
Tratamos de eliminar o reducir el riesgo, aunque sabemos que el riesgo 0 no existe, pero si no conseguimos eliminarlo completamente, por que ello es imposible, al menos trataremos de convivir con él de forma responsable.

