LA GRAN INCOHERENCIA DEL ESTADO: RECAUDAR CON EL TABACO MIENTRAS DESINCENTIVA LA SALUD
Roberto Ramos Piñeiro
Fundador y director general del Grupo BeOne/Serviocio.
Vicepresidente de AGAXEDE
Fuente: gymfactory.net
Hay contradicciones que son inevitables en cualquier sistema complejo. Y hay otras que, sencillamente, deberían hacernos reflexionar. Una de ellas está delante de nosotros desde hace décadas. Cada año, el Estado desarrolla campañas para reducir el consumo de tabaco. Los ministerios de Sanidad alertan de sus efectos. Los profesionales sanitarios luchan por disminuir su incidencia. Los hospitales dedican miles de millones de euros a tratar las enfermedades que provoca. Y, al mismo tiempo, el propio Estado obtiene una parte importante de sus ingresos gracias a que millones de personas continúan fumando…
No hablo de una contradicción moral… que de eso mejor no quiero ni comentar. Hablo de una contradicción económica y estratégica.
Un producto que mata… pero también recauda
Nadie discute ya la evidencia científica. El tabaquismo continúa siendo la principal causa de muerte prevenible en España.
Se estima que provoca alrededor de 54.000 fallecimientos cada año, además de cientos de miles de casos de enfermedad cardiovascular, cáncer, EPOC y otras patologías crónicas.
Pese a ello, el tabaco sigue siendo una gran fuente de ingresos tributarios del Estado.
Según la Agencia Tributaria, en 2025 la recaudación del Impuesto sobre las Labores del Tabaco alcanzó 7.340 millones de euros, un máximo histórico impulsado por la subida de tipos impositivos, pese a que el consumo continúa descendiendo. A ello se añade el nuevo impuesto sobre líquidos para cigarrillos electrónicos.
Es decir:
– Cada vez fuman menos personas.
– Pero cada fumador aporta más dinero a las arcas públicas.
Es una paradoja difícil de ignorar. La cuenta no sale…
Existe un argumento muy repetido: “El tabaco recauda mucho dinero.” Es cierto. Pero es una verdad incompleta.
Porque la pregunta relevante no es cuánto ingresa Hacienda.
La pregunta correcta es: ¿Cuánto le cuesta realmente al país?
Diversos estudios sitúan el gasto sanitario directo asociado al tabaquismo en torno a 8.000 millones de euros anuales, aproximadamente el 10 % del gasto sanitario público.
Cuando se incorporan los costes indirectos —incapacidad laboral, bajas médicas, dependencia, pérdida de productividad, mortalidad prematura y costes sociales— el impacto económico supera ampliamente los 30.000 millones de euros cada año.
Traducido al lenguaje empresarial: España ingresa unos 7.300 millones, pero soporta un coste varias veces superior.
Ningún consejo de administración mantendría un negocio con semejante cuenta de resultados.
La verdadera dependencia
No creo que ningún gobierno quiera que la población fume más. Sería absurdo afirmarlo.
Pero tampoco podemos ignorar que existe una dependencia fiscal de estos ingresos.
Cuando miles de millones de euros forman parte estructural de los Presupuestos Generales del Estado, eliminarlos exige encontrar una fuente alternativa de financiación… y esa conversación apenas existe.
La consecuencia es que convivimos con un modelo que envía mensajes contradictorios.
Por un lado:
“No fumes.”
Por otro:
“Gracias por contribuir con miles de millones de euros.”
No es una contradicción sanitaria, es una contradicción presupuestaria.
La prevención sigue siendo la gran olvidada
Resulta curioso comprobar cómo nuestro sistema dedica enormes recursos a tratar enfermedades una vez aparecen, pero mucho menos a evitar que aparezcan.
Seguimos hablando de gasto sanitario cuando deberíamos empezar a hablar de inversión en salud.
Porque existe una enorme diferencia entre ambas cosas. Invertir en prevención significa:
– Reducir futuras listas de espera.
– Reducir gasto farmacéutico.
– Reducir bajas laborales.
– Reducir dependencia.
– Aumentar productividad.
– Incrementar esperanza de vida saludable.
Y, sobre todo, mejorar la calidad de vida de millones de personas.
El gran olvidado: la actividad fisica
Aquí aparece otra paradoja todavía mayor.
Mientras el tabaco constituye una de las principales fuentes de recaudación fiscal, el ejercicio físico continúa siendo tratado casi exclusivamente como una actividad de consumo.
Y eso resulta difícil de entender.
La evidencia científica demuestra que la práctica regular de actividad física reduce significativamente la incidencia de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad, determinados cánceres, depresión, ansiedad y deterioro funcional asociado al envejecimiento.
Cada euro invertido en actividad física evita múltiples euros de gasto sanitario futuro.
Sin embargo, el sector del fitness y la actividad física apenas recibe incentivos fiscales proporcionales al ahorro que genera para el sistema.
Seguimos gravando con IVA servicios que, en realidad, funcionan como auténticas infraestructuras de prevención.
Seguimos considerando los centros deportivos como negocios de ocio cuando, cada vez más, forman parte de la solución sanitaria.
Paradójicamente, el Estado obtiene miles de millones gracias a un producto que enferma.
Pero apenas incentiva fiscalmente un sector cuya actividad contribuye precisamente a evitar esas enfermedades.
Cambiar el enfoque
Quizá ha llegado el momento de plantear una política pública distinta. No basta con subir impuestos al tabaco.
Eso puede ser una herramienta útil, como defiende la OMS, siempre que su objetivo sea reducir el consumo y financiar políticas de salud.
La verdadera transformación consistiría en trasladar progresivamente recursos desde la enfermedad hacia la prevención.
– Menos dependencia presupuestaria del tabaco.
– Más incentivos para la práctica de actividad física.
– Más prescripción de ejercicio desde Atención Primaria.
– Más colaboración con los centros deportivos.
– Más deducciones fiscales para quienes invierten en salud.
– Más apoyo a un sector que genera empleo, cohesión social y bienestar.
Una reflexión final
Los países no prosperan porque recauden más impuestos, prosperan cuando necesitan recaudar menos para curar porque han conseguido prevenir mejor.
El gran objetivo de una política sanitaria no debería ser maximizar la recaudación derivada del tabaco, debería ser conseguir que, algún día, esa recaudación deje de ser necesaria.
Y cuando llegue ese momento, necesitaremos otro gran aliado. Ese aliado ya existe.
No fabrica cigarrillos.
Abre cada mañana las puertas de miles de instalaciones deportivas para ayudar a millones de personas a vivir más y mejor.
Quizá haya llegado la hora de que las políticas fiscales dejen de premiar, aunque sea indirectamente, aquello que enferma y empiecen a incentivar de verdad aquello que genera salud. Y haciendo un poco de autocrítica… hablando de incoherencia y adicción… yo aporto 1.686,30 euros anuales a este círculo vicioso (77% del PVP total que me gasto). Sin comentarios.

