¿Y SI EL MAYOR RIESGO DEL FUTURO NO FUERA DESTRUIR UNA INFRAESTRUCTURA, SINO IMPEDIR QUE FUNCIONE?
La seguridad ha estado tradicionalmente ligada a la protección frente a daños visibles: edificios derrumbados, instalaciones afectadas o infraestructuras destruidas. Sin embargo, la transformación digital está dando paso a un nuevo escenario en el que una organización puede quedar completamente paralizada sin que exista ningún daño físico aparente.
Esta es la reflexión que plantea José Luis Gómez Calvo, experto en seguridad, análisis y gestión de riesgos, en su artículo Algo inquietante, donde invita a replantear el concepto de seguridad en una sociedad cada vez más dependiente de la tecnología.
Actualmente, hospitales, aeropuertos, entidades financieras, administraciones públicas, instalaciones deportivas o empresas dependen del funcionamiento continuo de sistemas digitales, redes de telecomunicaciones, centros de datos, suministro eléctrico y herramientas de gestión. Todos estos elementos forman una infraestructura invisible que hace posible la actividad diaria, aunque pocas veces somos conscientes de ello.
La gran diferencia respecto a las amenazas tradicionales es que ya no es necesario destruir físicamente una infraestructura para provocar una crisis. Una interrupción de los sistemas tecnológicos puede hacer que una organización deje de prestar sus servicios, aunque sus edificios, equipos e instalaciones permanezcan intactos.
Este cambio de paradigma obliga a ampliar nuestra visión sobre la seguridad. Ya no basta con proteger los recursos materiales; también resulta imprescindible garantizar la continuidad operativa, la resiliencia tecnológica y la capacidad de respuesta ante incidentes que afecten a los sistemas digitales de los que depende nuestra actividad.
En este contexto, cobran especial relevancia los llamados riesgos de desconexión sistémica: situaciones provocadas por ciberataques, fallos generalizados en las telecomunicaciones, interrupciones del suministro eléctrico o cualquier otra incidencia capaz de inutilizar servicios esenciales sin producir daños materiales inmediatos.
Para el ámbito de la gestión deportiva, esta realidad también supone un importante reto. Instalaciones, competiciones, eventos y servicios deportivos utilizan cada vez más plataformas digitales para la gestión de inscripciones, control de accesos, cronometraje, comunicaciones, reservas o coordinación de equipos. Garantizar el funcionamiento de estos sistemas forma ya parte de la seguridad y de la calidad del servicio que reciben las personas usuarias.
La creciente digitalización ofrece enormes oportunidades, pero también exige incorporar nuevas estrategias de prevención, planificación y gestión del riesgo. Prepararse para responder ante posibles interrupciones tecnológicas será, cada vez más, un elemento clave para asegurar la continuidad de cualquier organización.
La reflexión de José Luis Gómez Calvo pone sobre la mesa una cuestión de gran actualidad: quizá el verdadero desafío ya no sea únicamente proteger las infraestructuras físicas, sino garantizar que personas, organizaciones e instituciones puedan seguir funcionando cuando aquello de lo que dependen deja, de forma inesperada, de estar disponible.
¿Quieres profundizar en esta reflexión?
El artículo invita a analizar cómo está evolucionando el concepto de seguridad y cuáles son los nuevos riesgos a los que se enfrentan las organizaciones en un mundo cada vez más interconectado.

