UNA CONCEPCIÓN MODERNA Y EUROPEA DEL DEPORTE - EDUARDO BLANCO PEREIRA
16/08/2021 Categoría:  Actualidade

La rápida evolución del deporte a lo largo del siglo XX y, especialmente, después de la II Guerra Mundial, ha producido diferentes manifestaciones que podemos representar de forma sintética, en torno a lo que se conoce como Deporte Para Todos y Deporte de Rendimiento, ambas recogidas en la Carta Europea del Deporte (1992) e integradas en el mismo marco conceptual, para que la palabra “deporte” no quedase reducida en su aplicación, al ámbito exclusivo del “deporte federado”.

La Carta Europea de 1992, asumiendo que la expresión “deporte” ya no tiene un sentido unívoco y que tiene un carácter poliédrico, entiende por deporte, “...todo tipo de actividades físicas que, mediante una participación, organizada o de otro tipo, tengan por finalidad la expresión o la mejora de la condición física y psíquica, el desarrollo de las relaciones sociales o el logro de resultados en competiciones de todos los niveles”.

José Luis Pérez Triviño publica en IUSPORT un artículo sobre “La definición de deporte en el nuevo Anteproyecto de Ley”, señalando que “J. M. Cagigal también incidía en que el deporte supone al menos tres rasgos centrales: competición, actividad física y regulación por reglas”. Este artículo ha generado un debate en el que soy incapaz de soslayar. Sin duda que nuestro recordado profesor Cagigal dijo eso, como también afirmó en la Revista de Sociología “Papers” que “Existen movimientos que intentan descubrir el más ancho cometido del deporte, tales como el “deporte para todos”, “el segundo camino del deporte”, “la gimnasia de mantenimiento”, etc., con una concepción más humanitaria. Pero son todavía marginales ante la gran ola del deporte competitivo. Dan pie, al menos, a una esperanza no de que el deporte competitivo sea erradicado, cosa en cierta manera contradictoria, dada la esencia agonal del propio deporte, sino de que el competitivismo, es decir, la competición en si como objetivo máximo, no sea excluyente de otras formas de vivir el deporte”.[1]

Triviño critica la definición del Anteproyecto, diciendo que, “Así pues, una actividad que incluya una participación organizada que suponga una ocupación activa del tiempo de ocio, como, por ejemplo, asistir a una escuela de zumba, también sería deporte. Y así podríamos incluir otras actividades parecidas, con lo que se inflaría todavía más el catálogo de modalidades y especialidades deportivas”. Claro, quién nos diría que el Break Dance (Breaking) sería con el paso de los años una especialidad de la modalidad “baile deportivo”. El surgimiento de modalidades y especialidades forma parte de la propia historia y evolución del deporte federado.

Por otro lado, conviene saber que Miguel Piernavieja, en su estudio “, . Protohistoria de una palabra”, en 1966, ya nos mostró las distintas acepciones acerca del deporte a lo largo de la historia. Aunque su trabajo se basó en documentar la palabra “deporte” en los textos españoles de los siglos XII y XIII, resultan de interés algunas consideraciones que realiza previamente y concretamente, cuando señala que “El deporte, tal como lo entendemos hoy, es algo enteramente distinto de lo que fue y significó en otros tiempos. Está claro que la razón de ello se encuentra en dos factores principales: la palabra, fenómeno lingüístico, y el concepto, fenómeno ideológico. Mientras la primera tiende a ser permanente o con leves alteraciones morfológicas, el segundo propende a enriquecerse mediante la asimilación de nuevas ideas incorporadas al primitivo vocablo. Así se explica que con el mismo nombre designemos objetos o imágenes completamente distintos entre sí”.[2] Precisamente, lo que explica Piernavieja de forma atinada sobre la definición de “deporte” y su evolución, es lo que se puede apuntar de esa nueva concepción moderna y europea que concibe la Carta Europea del Deporte de 1992.

Es cierto que el deporte moderno, desde sus orígenes en el siglo XIX, se identificó como una actividad física reglamentada y caracterizada por la “competición”. Pero, hace ya tiempo que se reflexiona y se concibe el término “deporte”, como paraguas que alberga todas y cada una de las manifestaciones y tendencias desarrolladas en su evolución, a lo largo de todo el siglo XX, incluyendo otras prácticas o formas de actividad física que no reúnen las características que han definido el deporte en su origen.

Existen unos antecedentes en un trabajo del Consejo de Europa elaborado por M. Marchand, en el que diseña y propone una concepción moderna y europea del deporte, estableciendo que “…el término comprende actividades muy diversas, que se subdividen en cuatro grandes categorías:

- Juegos y deportes de competición. Caracterizados por la aceptación de reglas y el hecho de enfrentarse a otros.

- Actividades de aire libre. En las cuales los participantes tratan de dominar un terreno determinado (campo, bosque, montaña, curso de agua o cielo). Los desafíos provienen de la forma en que se trata de vencer las dificultades y varían en función del terreno escogido y de otros factores, como el viento y las condiciones meteorológicas.

- Actividades estéticas. En cuya ejecución el individuo, en vez de mirar más allá de sí mismo y de responder a los retos artificiales o naturales, dirige su atención sobre sí mismo y reacciona ante el placer del movimiento corporal coordinado, como, por ejemplo, en el baile, el patinaje artístico, ciertas formas de gimnasia rítmica o la natación practicada a título recreativo.

- Actividades de mantenimiento de la condición, es decir, ciertas formas de ejercicio o de movimientos realizados, no tanto para sentir inmediatamente una satisfacción de logro o un placer kinestésico, sino más bien para beneficiarse de sus efectos a largo plazo, que se traducen en una mejoría o mantenimiento de la forma física y en una impresión de bienestar general”.

Antes de que esta nueva concepción integradora del deporte fuera asumida institucionalmente por medio de la Carta Europea de 1992, el Prof. Cagigal, al utilizar la expresión “deporte”, se vio obligado a establecer sus límites conceptuales, asumiendo una definición abierta e integradora, en lugar, de la caduca y estrecha acepción en el seno de las federaciones deportivas que se viene aplicando de actividad reglada y codificada. En el libro “¡Oh Deporte! (Anatomía de un gigante)”, su última publicación de 1981, manifiesta que “Para evitar malas interpretaciones a partir de estereotipos conceptuales, en la presente reflexión voy a entender el deporte no como un sistema social ya organizado, tal cual existe plenamente en vísperas de las dos últimas décadas del siglo XX, sino como una actividad humana previa a la organización social, y que es a la vez su causa y posibilidad: el deporte como actividad corporal ludo-competitiva”.

El incremento progresivo del tiempo libre en una sociedad cada vez más sedentaria, exige políticas activas que promuevan el deporte en todos los ámbitos y manifestaciones que acoge la concepción global de la Carta Europea (1992) y que, en el marco del derecho a la salud, estableció la Constitución Española (1978) como mandato a los poderes públicos. La incorporación del deporte al texto constitucional, al margen de las consecuencias jurídicas, engrandece su significación social, educativa e higiénica, sin que ello suponga el rechazo de otras realidades deportivas con fines distintos (espectáculo, máximo rendimiento, etc.).

Creo que la crítica del Anteproyecto está en otras disposiciones del documento, pero en cuanto al objeto y concepción del deporte que es el meollo de este debate generado, entiendo que no tiene mayor recorrido.

Les diría a los redactores del documento lo siguiente:

1. Está bien que copien la definición de la Carta Europea del Deporte, pero no hagan experimentos tratando de cambiar algunas expresiones de la misma. Usen esa concepción y señalen su fuente, sin más.

2. Como las manifestaciones y realidades del deporte son diversas, trataría de identificar mejor y con más claridad el objeto propio que le corresponde a la Administración General del Estado en materia deportiva en el ámbito de la Ley, pues muchas de las realidades que contiene la definición son competencia autonómica que este Anteproyecto invade a lo largo de su texto.

Nadie puede negar que el “hecho deportivo” se ha convertido en un referente de la actividad física en la sociedad actual y que el deporte como conjunto diversificado de ejercicios y actividades motrices, realizados en diferentes espacios y con finalidades distintas, puede aplicarse metódicamente en diferentes contextos, como son el ámbito de la educación, de la salud, del tiempo libre, de la integración social, del rendimiento, etc.

En definitiva, para una mejor comprensión conceptual, se puede afirmar que mientras que en el Deporte de Rendimiento la persona es quién se adapta al deporte, a sus normas y reglamentos de competición, en el Deporte Para Todos (actualmente, deporte social y ciudadano), el entrenamiento y la competición deportiva se adecúan a las capacidades y condiciones de cada persona, conforme a su concepción humanista y educativa.

El profesor José María Cagigal, en su último libro ya referido y publicado en 1981, antes del desgraciado accidente aéreo de Barajas dónde falleció, ya señalaba certeramente que “La sociedad moderna se ha desarrollado en el mundo durante el último siglo apoyada en el sistema federativo. Este sigue siendo el más representativo de la institución deportiva. Pero se muestra insuficiente para abarcar e incluso significar toda la nueva realidad deportiva de nuestro tiempo”.[3]

En la actualidad, resulta cierto que la expresión “deporte” define un hecho o realidad, reconocido socialmente y concebido de forma integradora en los países de nuestro entorno, tal como se recoge en la vigente Carta Europea del Deporte. Y, si en referencia al ejercicio y la actividad física, en el siglo XIX dónde el deporte era incipiente, la “gimnástica” fue la reina de la motricidad, sustituida por el término “educación física” en el siglo XX, me pregunto ¿Por qué, no puede ser el vocablo “deporte”, la nueva denominación en este siglo XXI, referida a la actividad motriz y al ejercicio físico?

Termino, diciendo que cuando salgo a realizar actividad física por el entorno dónde vivo, aviso en casa: “me voy a hacer deporte”, lo que continuaré haciendo con permiso de mi amigo José Luis Pérez Triviño.

 

Por Eduardo Blanco Pereira

Presidente de AGAXEDE

 

[1] Cagigal, J. M.  El cuerpo y el deporte en la sociedad moderna, en Papers: Revista de Sociología. p. 155

[2] Piernavieja del Pozo. Miguel. “, . Protohistoria de una palabra”. Revista “Citius, Altius, Fortius”. Tomo VIIII, Fasc. 1-2, COE. Madrid, enero – junio, 1966. p. 15

[3] Cagigal, J. M. (1981). ¡Oh Deporte! (anatomía de un gigante). Editorial Miñón. Valladolid, p. 46